Artículo cedido:
YO LE FUI INFIEL
Sí.
Yo tenía un novio. No fue el primero y probablemente no será el último, pero era mi novio. No voy a pararme en explicar lo especial que fue para los dos esa relación, no es necesario. Yo sé cómo fue y con eso basta.
Es increíble cómo puedes tenerlo todo y no darte cuenta de lo feliz que eres. La rutina siempre hace que dejes de valorar las cosas que en el fondo tienen más significado. Es ella quien tiene la culpa; la rutina.
Cuando el que todo vaya bien forma parte de ella, te olvidas de por qué eres tan feliz; y juegas. Y quien juega con fuego, se quema. Y yo me quemé.
Debí haberme conformado con que mi chico fuese quien me hiciese levantar los pies del suelo, únicamente él; pero nunca es suficiente. Fui egoísta y lo reconozco. Y a base de jugar… pues sí, le fui infiel.
No sé qué se me pasaba por la cabeza en esos momentos. Probablemente ni pensaba. Siempre te enseñan que la vida da segundas oportunidades. Después de todo… era para siempre, ¿no?, era especial. Pues no. La vida no siempre te da una segunda oportunidad, de hecho muy pocas veces lo hace. Por increíble que me pareciese, él no me dio una segunda oportunidad. Creo que nunca entenderé por qué él no fue capaz de pasar página junto a mí, por qué no supo olvidar y empezar desde cero conmigo, los dos juntos, como siempre había sido. Sólo sé que ya Nada.
Ahora no me queda más que asumirlo. No es fácil. Él siempre ha estado ahí y ahora no quiere ni asomarse. Toca olvidar. Toca romper todas las imágenes felices de futuro junto a él. Ya no habrá nada. Fin.
Hay que pensar. Es un error que no ha tenido la solución que yo buscaba, pero del que siempre se podrá aprender. Mejor tarde que nunca.
Nunca.
Cuando lo pierdes todo y ves que es imposible recuperarlo, a veces una frase puede ayudarte a entender:
Yo tenía un novio. No fue el primero y probablemente no será el último, pero era mi novio. No voy a pararme en explicar lo especial que fue para los dos esa relación, no es necesario. Yo sé cómo fue y con eso basta.
Es increíble cómo puedes tenerlo todo y no darte cuenta de lo feliz que eres. La rutina siempre hace que dejes de valorar las cosas que en el fondo tienen más significado. Es ella quien tiene la culpa; la rutina.
Cuando el que todo vaya bien forma parte de ella, te olvidas de por qué eres tan feliz; y juegas. Y quien juega con fuego, se quema. Y yo me quemé.
Debí haberme conformado con que mi chico fuese quien me hiciese levantar los pies del suelo, únicamente él; pero nunca es suficiente. Fui egoísta y lo reconozco. Y a base de jugar… pues sí, le fui infiel.
No sé qué se me pasaba por la cabeza en esos momentos. Probablemente ni pensaba. Siempre te enseñan que la vida da segundas oportunidades. Después de todo… era para siempre, ¿no?, era especial. Pues no. La vida no siempre te da una segunda oportunidad, de hecho muy pocas veces lo hace. Por increíble que me pareciese, él no me dio una segunda oportunidad. Creo que nunca entenderé por qué él no fue capaz de pasar página junto a mí, por qué no supo olvidar y empezar desde cero conmigo, los dos juntos, como siempre había sido. Sólo sé que ya Nada.
Ahora no me queda más que asumirlo. No es fácil. Él siempre ha estado ahí y ahora no quiere ni asomarse. Toca olvidar. Toca romper todas las imágenes felices de futuro junto a él. Ya no habrá nada. Fin.
Hay que pensar. Es un error que no ha tenido la solución que yo buscaba, pero del que siempre se podrá aprender. Mejor tarde que nunca.
Nunca.
Cuando lo pierdes todo y ves que es imposible recuperarlo, a veces una frase puede ayudarte a entender:
Si la cagas… QUE TE DEN.