domingo, 29 de noviembre de 2009

ABSURDO

Llevaba tiempo esperando hacer un experimento como este: escribir una paranoia que diga algo pero que no diga nada. Es decir, no busquéis mensaje a este cuento, que simplemente es, absurdo.

CUENTO 4:

ABSURDO

En frente del espejo, comienza a pintarse la cara. La pintura blanca colorea su rostro, y la roja sus dos grandes mofletes. De negro se pinta alrededor de los ojos, y dos cruces en el medio de los dos círculos rojos de sus mofletes. Ahora se está afeitando las cejas porque más tarde se pintará una larga, curva y única ceja. Su pelo cambia a color rojo. Viste trajes chillones y pantalones anchos. Zapatones y un gorro extraño; el payaso ya está listo para su actuación.

Es una lástima que lo hayan despedido del circo. Con lo famoso que él era y ahora mírale, delante del espejo soñando con volver al escenario. Pobre infeliz. Hace unos cuantos años, consiguió ser el ídolo de todos los niños mediante chistes inteligentes y una trabajada mímica que sorprendió a medio mundo. Esta trabajada función le hizo ganar varios premios de humor.

Pero todo lo que sube…baja. Eso mismo ocurrió con la carrera de nuestro protagonista. Un buen día se quedó sin ideas nuevas, todos sus chistes eran malos y no provocaban risa alguna en la gente…ni siquiera una simple sonrisa. Sus intentos de volver a la fama fueron desastrosos y anunció su retirada, soñando con volver un buen día y sorprender a la crítica. Aún espera ese momento…

Este fracaso no solo afectó a su vida profesional: su familia se empezó a distanciar hasta desaparecer por completo. Ahora está solo. Tenía un amigo que también era un fracasado, más murió de la forma más tonta que pueda existir en este mundo. Fue la victima del accidente de coche más absurdo de la historia. Su vehículo volcó al perder su rueda que fue arrancada al pegarse en un fuerte chicle que algún gamberro tiró a la carretera. Fue…extraño.

Nuestro amigo el payaso pasaba las tardes dándole vueltas a la cabeza: “Ahora soy igual de perdedor que el bobo del coche, que absurda muerte tendrá el destino preparada para mí…” Pensaba y pensaba, recapacitaba todas las noches, imaginaba como podría ser… El payaso lloraba, y la pintura negra se corría hasta llegar a la altura de la nariz.

-Decidido- dijo el payaso a su reflejo- Estoy listo para mi última función. Si el destino me busca, me esconderé donde no pueda verme… Querías humor y lo rechazasteis, ahora podréis disfrutar de mi actuación final; os aseguro que, ni de lejos, va a ser divertida. Prepararos para el nuevo Steve, un Steve dramático. El primer payaso que os hará llorar… y no precisamente de risa. Señoras y señores os presento el adiós de Steve.

Ya maquillado, cogió el coche y se dirigió al precipicio. El quería morir, pero por si el destino quería impedírselo (para luego atacar con un vergonzoso final) se iba asegurar bien de su muerte. Preparó la soga, la ató en una rama, y se la colocó en el cuello. Tomó veneno y se roció con gasolina. Una triple muerte; esto no podía fallar. Empezó a contar: uno, dos y tres. Encendió el mechero y el comenzó a arder, un segundo después ya se encontraba en el aire, cayendo…esperando el momento en el que la cuerda parase rompiéndole el cuello y ahogándole…pero ese momento no llego. La rama en la que había atado la cuerda se partió en dos y él cayó al mar, donde sus llamas se extinguieron. La presión del mar, y el golpe al caer al agua le hicieron vomitar la comida anterior y…el veneno. Estaba a salvo.

Un marinero que afortunadamente pasaba por allí, lo vio. Él lo recogió y lo llevo al hospital más cercano. Esa misma noche, murió de hipotermia. He de afirmar, amigo Steve, que tu última función ha sido la más divertida de toda tú carrera como payaso. Enhorabuena.

No hay comentarios: